martes, 15 de febrero de 2011

A volar .

Muchachos, hoy nos hablamos con confianza y les comento que en cuanto el vecino me facilite más señal wi-fi estaré subiendo la entrada que hice ayer. Últimamente me hallo en estados particulares por lo que advertiré de antemano que no me hago cargo de las cosas que escribo, intento que carguen el mayor grado de coherencia posible pero bueno, sepan entender que no es fácil en estas situaciones.
A propósito, no voy a hacer una mini entrada porque siempre termino acordándome de que hay algo por compartir. Y vaya si lo creo que el día de hoy fue especial, nuevas experiencias, nuevos lugares, personas, y por fin la fuerza para empezar a sacar todo eso; vayamos por el triunfo, que a eso vinimos. Yo vi en sus ojos que algunas cuestiones le preocupaban, no es para menos, pero valoro que me acepten, que me quieran ayudar, etc. Ya descubriremos entonces el origen de algunas cosas, o quizás no, pero allá iremos, buscando como siempre, porque el que busca, algo encuentra, sea lo que esperaba o no.
La calle está muy mal, es cuestión de caminar unas pocas cuadras de noche y verse rodeado de gente que nos atemoriza, todo esto, claro, porque siempre estamos juzgando, no está bien, pero creo que es un aspecto fundamental del ser humano. El bondi, la gente, los pibes del barrio con la cerveza y los ojos pidiendo a gritos colirio. Que no se me acerque nadie, igual hoy no es el día, igual pienso que vos te personificás y me protegés... tantas cosas. Experimenté tantas sensaciones como fue posible en el día de hoy, en relación con las distintas cosas que hice. El trabajo, el trabajo marcha bien aunque no me dan ganas de ir, en algún momento del día me vienen esa sonrisa nerviosa que me recuerda que todavía voy a estar ahí y que eso traerá sus frutos.
Punto y aparte comento, que hoy fue la primera vez que utilicé la frase "no voy a dar declaraciones" en una situación real, con un periodista real. Esto de la farándula, vio? que a uno le preguntan todo. A ver, decime, se comenta que en el día de San Valentín... "No voy a dar declaraciones", me puse las gafas, batí mi pelo y salí, mientras escuchaba comentarios acerca de mi posible status social.

Perfecto, si sigo así o me cuelgo, o me deschavo, o qué se yo. ¡Viva Zapata!

miércoles, 9 de febrero de 2011

Esencia .

No hay tiempo, aunque pretendamos vivir congelándolo, midiéndolo y dejando que nos manipule. Muchas veces me pregunto si la gente se acordará de mí, de hecho también me sorprende que me recuerden, aunque luego cabe preguntarme ¿por qué no me recordarían si yo los recuerdo?
Debe ser que muchas veces me sentí invisible, o quizás sea que me involucro hasta cierto punto con las personas. Últimamente esta idea se me aparece bastante seguido. Y sí, debe ser que así soy yo, pero... ¿así como? Lo que considero es que muchas personas con las cuales he tenido una relación, ya sea amorosa, amistosa, laboral, educativa o de simples momentos de la vida, no tendrían por qué recordarme, así como yo tampoco tendría por qué recordarlos a ellos. Sin embargo, al parecer, así es nuestro intelecto. A veces me pasa que veo a una persona, sobretodo durante el ciclo lectivo, y al ver su cara no recuerdo si la conocía por cursar una materia, del colectivo, o de tan solo haberla visto varias veces en el ámbito universitario. Más allá de estas confusiones, dentro de mi grupo más cercano dentro de la facultad, siempre soy la primera en reconocer a algún ex compañero en una materia nueva aunque nunca hallamos cruzado palabra. El año pasado, por ejemplo, me sucedió que la ayudante de comunicación había sido compañera mía de medios expresivos 1. Bien, creo que ese dato no es relevante pero en cierto punto hace a la cuestión.
Está todo bastante desordenado dentro de mi cabeza -cuándo no- pero creo ir entendiendo de a poco que el factor desencadenante es el hecho de que yo no me considero importante. Por eso entonces es recurrente mi pensamiento sobre la gente que conozco y que quizás no me recuerda, aunque, por otro lado, también me planteo a veces que uno involuntariamente deja marcas en las personas. Yo tengo amigos y los quiero y aprecio muchísimo, pero no siento tampoco esa necesidad de estar en permanente contacto con todos, hablando, reuniéndome y demás actividades que realiza el común de la gente. Hace un par de días se me dio por llamar por teléfono a una amiga, es que hace ya algo de dos meses que no la veo, y a decir verdad la llamé como para disimular un poco la cuestión antes tratada de mi habitual desaparición. Me llama la atención que la gente quiera involucrarse conmigo, que me recuerde, que se preocupe por mis cosas y se alegre de verme. Sí, yo tengo sentimientos como cualquier ser humano y puedo decir que los quiero, les tengo afecto, etc, pero no sé si es lo mismo que ellos sienten. Esto hace también que a veces me pregunte si soy mala persona, algo autista o simplemente colgada, probablemente la cuestión pase por el último ítem y nada más.
Cuando alguien me cuenta algo, me encanta escuchar, acceder, e incluso tratar de ayudar, siempre doy mi punto de vista que tiene su lado esotérico, intento analizar las cosas con calma y opinar intentando dar un resultado constructivo. Pero sin embargo yo no puedo abrirme con todos, y si yo cuento algo se queda hasta ahí hasta donde yo lo cuento, no me gusta que me hagan preguntas para llegar más al fondo de la cuestión básicamente porque no me gusta pedir ayuda y porque no me gusta andar compartiendo todos mis pesares con los demás.
Puedo jactarme, sin embargo, de no llevarme nada a la tumba, digamos, todas las personas que se relacionan conmigo saben algo de mí, en mayor o menor medida, pero no hay ninguna que sepa absolutamente todo, ni tampoco existe algo que lo sepa solamente yo. Eso me hace sentir que no soy tan cerrada, pero a la vez me hace ver que la confianza que tengo en las personas que me rodean es bastante cuestionable. La gente que me quiere se preocupa cuando me ve mal, y yo puedo hablar de lo que me pasa pero siempre hasta un cierto punto, en realidad, detesto hablar, más aún si es personalmente, me parece que los problemas de cada uno son para que cada uno los resuelva como pueda y no para andar aquejando a los demás seres que ya tienen sus propios problemas como para encima tener que andar cargando con los de los demás. Ojo, el lado contradictorio de esto es que pienso así respecto a mis problemas, pero si usted mi querido lector quiere contarme algo que lo ande fastidiando aquí estaré yo, con mis oídos y mi mente abierta para tratar de resolver esa cuestión, o al menos para brindarle el alivio de haberlo compartido con alguien.
Las cosas malas que me pasan siempre que las comparto las comparto por la mitad, nunca puedo explicar todo proque me pondría mal y eso es otra cosa que detesto, expresar malos sentimientos en publico, sobretodo si se trata de tristeza o malos pasares. Cuando estas situaciones vienen a mí se me puede ver caída, como si estuviera en otro planeta y diciendo cosas que parecen no tener sentido, pero nunca voy a decir "sí, estoy mal porque me pasa esto, esto y esto".
En fin, ¿qué hacemos ahora?

martes, 8 de febrero de 2011

Llevame .

Un fracaso no siempre es perder dicen las pastillas, así como tampoco la vida es todo ganar. Llega el momento entonces, luego de varias entradas colgadas y las más recientes cargadas de optimismo, de mostrar otra realidad, ni mejor, ni peor, pero sí distinta. A decir verdad, creo que la considero peor, pero prefiero no juzgarla porque entiendo que es parte de todo este proceso. Como decía entonces, venía hasta hoy reflexionando con mucha calma acerca de situaciones de todos los días, y en la más reciente muy feliz gracias a la interpretación de un sueño. No puedo dejar de lado, sin embargo, un sentimiento que me aqueja desde hace ya bastante tiempo. Lo manifesté de manera muy pequeña y a modo de frase colgada aquel día en el que tan solo hice referencia a que quería irme.
Cuando era chica, quería irme de los campamentos, no me gustaba quedarme ahí entre toda esa gente que no me generaba la mayor confianza, no quería quedarme allá, lejos de mi familia, mi casa y mis cosas. Soy muy costumbrista, creo que es por eso que después de cierto tiempo puedo adaptarme con facilidad a las situaciones. Esto de querer irme es, entonces, una especie de trastorno o no sé cómo definirlo, pero creo que esa palabra es bastante figurativa. Solía desesperarme por pensar “me quiero ir” y que no me den el gusto. En un cumpleaños, en una casa ajena, en un lugar salido de la rutina… en los campamentos. Siempre encontraba la solución y me iba, en este ejemplo de los campamentos me iba a buscar mi papá, que se esperaba un poco esta cuestión.
Ya de más grande, no se venía manifestando muy a menudo, pero cada vez que se manifestaba era más intensa. Entiéndase, por ejemplo, que me pasaba dentro de un boliche, y no era solo esa sensación de pensar que me quería ir y me iba, porque en definitiva se solucionaba tan solo con acercarme a la puerta y retirarme. Esta vez ese pensamiento venía acompañado de una angustia muy grande, una sensación de ahogo indescriptible, esa falta de aire que suelo sentir cuando me desespero, ese mareo y esas piernas flojas que me piden a gritos que me vaya de ahí o que me siente, porque al parecer mi cuerpo está a punto de desvanecerse. Por eso le digo trastorno, convengamos que no es algo que le pase a la mayoría de las personas y en mí se manifiesta cada vez más seguido. El año pasado, año par por cierto y por esa razón bastante malo, me había pasado esto de manera bastante fuerte una vez allá por septiembre u octubre si mal no recuerdo, ocasión en la que una amiga se retiró conmigo del boliche, y volví a sentirla en navidad, y esta vez sí que fue fuerte. No sé si fue porque estaba en un estado particular, aunque lo dudo, porque sobria también me pasa, pero fue verdaderamente horrible. Recuerdo haber cruzado a un amigo y decirle “me quiero ir de acá” mientras él me hablaba, fueron todas las palabras que pude esbozar. Era un lugar abierto, así que descarto toda especie de claustrofobia en este caso, pero la cuestión es que ese pensamiento torturaba mi cabeza.
Hasta ahí no venimos tan mal, es cuestión de pensar esa frase y ver la manera de irme. Ahora bien, últimamente, no siento esa frase respecto a irme de un lugar específico como podría ser el boliche, mi casa o la casa de otra persona, sino que me pasa en la generalidad del mundo. Yo estoy esperando que me vengan a buscar y sé que todavía tengo que esperar, esa razón es la que me hace andar pero es también esa razón la que me hace sentir tan angustiada y llorar todos los días. Pueden pasar horas sin que me de cuenta que estoy sentada afuera, fumando un pucho por los nervios mientras mis lágrimas caen lentamente por las mejillas y yo miro al cielo implorando que me vengan a buscar, diciendo una y otra vez que me quiero ir.
Es llorar, es no poder respirar, es la desesperación más grande que pueda sentir una persona. Es sentir que no hay salidas, al menos no hay salidas que dependan de uno mismo. Es el ahogo, la insatisfacción de pensar que puedo sentir aprecio por muchas personas pero que sin embargo necesito irme de este lugar, es pensar que todavía me quedan muchas cosas más para compartir y aún así pensar que no quiero estar acá, es morirse en vida, es no poder encontrar la calma, el equilibrio. Es llorar con la desesperación de una criatura de dos años, pero con el desconsuelo de un grande, con la desilusión del que ya ha vivido solo un poco más y no puede ver la luz. Es sentirse solo incluso estando rodeado por miles de personas, es sentir que nadie lo entendería, es pensar que estás al borde de la locura o dentro de ella, es intentar encontrar un pensamiento que nos transmita paz y no poder encontrarlo, es intentar pedirle ayuda a la Madre Kudhalini y que solo nos salga pedir que nos vengan a buscar. Es caer, es no poder abrir los ojos, es no querer estar con nadie y a la vez necesitar un abrazo que nos llene en el alma, es también darse cuenta de que ese abrazo no está a nuestro alcance y ahí, una vez más y hasta que el cuerpo decida irse a dormir, es pensar me quiero ir.

lunes, 7 de febrero de 2011

Perchero .

Cada viaje es un aprendizaje, pero el de esta mañana me generó una extraña calma. Había dormido unas cuatro o cinco horas como mucho, y mi cuerpo no se encontraba en el mejor de los estados por lo cual me dormí mientras viajaba en el micro desde Chascomús a Buenos Aires, como todos los lunes desde que empecé a trabajar. Cuando me siento mal y tengo fiebre sueño cosas intensas arriba del micro, donde, por el contrario, en condiciones normales no me duermo o de ser así nunca recuerdo a dónde me dirigí con mi astral. Ya había ocurrido una vez que era una situación conflictiva en la que el micro me bajaba en un extraño pero lindo lugar y yo me encontraba con gente conocida y todos muy sonrientes. No fue así esta vez. Yo caminaba como siempre con mi bolso colorado colgado de mi hombro derecho, portando algo de ropa, comida y la net, que en definitiva era lo más importante a nivel económico. Se me daba por ir al baño del subte –cosa que jamás ocurrió porque tengo una cuestión personal con los baños públicos- y dejaba mi bolso en una especie de mesada de mármol que había fuera del baño, en una especie de pasillo por el cual pasaba gente. No sé si fue la confianza que suelo tener o qué me aconteció, pero dejaba el bolso tranquila y me dirigía al baño. Cuando salía, el bolso no estaba. Y entonces yo comenzaba a repasar las cosas que tenía ahí dentro. Y ahí fue cuando me di cuenta de que mi cuerpo conciente estaba junto con el astral y que no permanecía durmiendo con el físico: recordaba una por una todas las cosas que llevaba hoy en ese bolso. Cuáles zapatillas, cuál remera, qué era lo más costoso, la ropa que no volvería a conseguir, el perfume, la cámara de fotos… Luego de un tiempo que no podría precisar cuánto fue yo volvía al lugar, volvía acompañada pero este lugar ya no era una estación de subte. Era una mezcla entre un lugar abandonado y una montaña, una suerte de acantilado si se quiere, en el cual había tres mujeres que parecían de mala vida, vestidas con ropa provocativa y su cabello mal teñido. Entonces sobre la tierra yo veía mi cartuchera fucsia de lunares blancos –para variar, tengo cuatro o cinco cartucheras- y me daba cuenta de que ese era el lugar donde yo había dejado mi bolso. Recuperaba entonces la cartuchera, junto con mi carpeta negra de 35x50cm, donde había algunos fibrones y pegamento, elementos que siempre me acompañan incluso dentro de una cartera, y había además trabajos hechos por mí, cosas de la facultad, típicas pruebas, bocetos y pre-entregas. Yo miraba con un tanto de desconcierto todo, porque era difícil comprender que al salir del baño no hubiera rastros del bolso y luego ver elementos de mí pertenencia, que en realidad no llevaba conmigo en este viaje porque estoy de vacaciones en lo que a facultad respecta, en un lugar que había cambiado de una forma increíble. Me sentía preocupada por las cosas materiales ya mencionadas, aunque en cierto punto evaluaba que las nike más caras las tenía puestas y que un par como las otras deberían ser mi próxima inversión, seguía pensando en la ropa y demás temas que a nada suman y que a decir verdad me avergüenzan, cuando tuve una visión completamente clara y cambié de parecer, cuando empecé a ver el lado positivo. Fue ahí donde descubrí el verdadero aprendizaje en ese sueño, fue ahí cuando pude ver la luz que daría una de mis primeras enseñanzas en cuerpo astral, quizás a modo de comprobante porque es una teoría que siempre tuve, aunque suelo olvidarla a menudo.
Valoraba entonces el hecho de que mis cosas nadie me las había quitado, y me llenaba la tranquilidad de saber que las demás cosas en cuestión de días, meses o años las iba a poder tener, porque el dinero va y viene. Me llenó de paz la satisfacción de saber que me habían dejado lo que era mío, porque a ellos no les serviría. Y así es, esta es una de las cosas que más fortaleza me da, aunque, como dije anteriormente, es también una de las cosas que se me olvidan y que mi cuerpo astral se encargó de recordarme.
Siempre pienso que todo el esfuerzo que hago yo y las personas que me rodean y me permiten ser quien soy, sea ir a la facultad, levantarse temprano, dormir poco, apenas comer, bancarme un viaje de una hora muchas veces parada en un colectivo lleno de gente intolerante, y demás molestias que suelen aquejarme, me sirven para ser lo que soy. Y tengo el recuerdo de varias veces haber sonreído arriba del colectivo por este mismo motivo, tengo mi imagen sonriendo mientras miraba por la ventanilla del 160 cuando estaba en Gascón y Corrientes, sonreír por la sola satisfacción de saber que en esta vida me van a poder robar todo, absolutamente todo, menos lo que yo sé. Porque lo que yo sé o conozco es un tesoro, y yo podré tener toda la plata, toda la ropa, el auto que quiera, la net, tecnología, y demás cosas que nos imponga la moda, y me van a poder sacar todo, hasta me van a poder dejar en la calle si es necesario. Pero todas las cosas que yo sé no me las puede robar nadie, y haber descubierto esto en cuerpo astral y poder hacer semejante interpretación me hace sentir más feliz todavía. Es cierto que a veces soy materialista, pero también es cierto que muchas veces compro cosas pensando en que no está bien ahorrarse toda la plata, en definitiva, no me la voy a llevar al cajón aunque tengo la ilusión de dejarle mis escasos ahorros a mi hermanita, que con nueve años no te regala ni diez centavos porque está ahorrando para el día que tenga su casa propia y sus hijas, qué linda es la infancia, qué linda es ella.
En fin, creo que esta entrada fue algo extensa, pero a decir verdad no tenía muy en claro acerca de qué escribir dado que mi cabeza está estancada en dos o tres cuestiones, y recordé mi estado de hoy a la mañana, luego el sueño, la interpretación, y, eso digo, me gustaría desde mi humilde lugar que usted pueda ponerlo en práctica, recuerde que siempre se va a levantar, y que por más que diga que va a desistir de algo al otro día va a estar yendo de nuevo porque así somos los triunfadores. Y ese es el triunfo, la autorealización, el autoconocimiento, probablemente lejos de toda materialidad y civilización conocida hasta ahora.

Martes, inevitablemente.

jueves, 3 de febrero de 2011

Conectate .

Mirá vos, lo que son las cosas entonces. Por primera vez voy a escribir en un exterior, en un estado particular pero no distinto al de siempre. No vaya usted a creer con esto que me encuentro bajo el efecto de drogas o cosas similares porque de ser así estaría completamente errado. Este es un estado que va mucho más allá de eso porque, como siempre digo, allá afuera hay algo mucho, pero mucho más grande. Siempre me refiero a un allá afuera cuando en realidad si lo analizara es probable que esté haciendo referencia a un acá adentro.
Una de mis nuevas expectativas es la de la libertad. Solía fastidiar con una frase de un tema, solía vivir diciendo o escribiendo siempre amé la libertad, y es recién ahora cuando empiezo a darme cuenta de eso a lo que estaba apuntando. Como todo en esta existencia, el concepto de libertad es muy subjetivo, dado que cuando es pequeño imagina la libertad como romper cadenas probablemente, que luego se va dando cuenta de que esas cadenas pueden ser los padres, los límites, los retos, salir de noche, etc... Vivimos en un país libre, eso se dice, pero me cabe preguntarme ¿libre de qué? Está bien, se supone que somos libres desde el día en que algún ancestro logró que dejáramos de ser colonia y nos convirtiéramos en esto... Se supone que somos libres para expresarnos, pero sin embargo sabemos que hay ciertas cosas que no pueden decirse en cualquier lado, y pasa lo mismo con la ropa, los peinados, las comidas, los pensamientos y un sinfin de cosas que podría seguir alistando. La libertad es muy difusa, porque los límites lo son. Entonces, ¿por qué si yo soy libre no puedo salir a caminar tranquila por la calle a las tres de la mañana o cuando más sienta que lo necesite porque sé que es inseguro? ¿Por qué si yo soy libre siempre tengo que obedecer a alguien, sin importar el ámbito al que haga referencia? Cuestión de orden, puede ser. Me estoy convenciendo de que somos muy abstractos, probablemente porque cabe preguntarnos cada día en qué nos convertimos y es factible que no hallemos una respuesta que nos satisfaga.
Siempre termino sembrando dudas que no tienen una respuesta exacta, pero ya hablé acerca de mi inevitable adicción a resolverlo todo. Esta vez voy a decir, quizás no a modo de solución pero sí de respuesta, que la verdadera libertad, como todo, está dentro nuestro. Somos nosotros los que tenemos esa capacidad oculta, somos nosotros los que nos ponemos las propias cadenas y no nos dejamos ser quienes verdaderamente somos. A veces por cuestiones políticas, económicas o sociales, por miedo a ser mal vistos, y muchas veces más por estar tan metidos en cuestiones que a nada llevan. La respuesta la tenemos nosotros, ¿quién más si no? Pero estamos tan acostumbrados a vivir pisando el acelerador que no nos permitimos ser libres, que sin dudas es lo que más estamos necesitando. Mirá, buscá, pensá menos... Mirate, hablate, cuestionate todo lo que sea necesario, porque sos vos el que tiene la clave para lograr sentir, de una vez y para siempre, que no existen fronteras que puedan detenerte.

Empapado en tus aguas descubro profundidad de persona.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Conspiration .

No hay cuelgue superior al de los días martes. Fue una meditación fructífera y muy profunda, por primera vez con los ojos abiertos. Mirando, sin mirar como siempre, los sentidos nos distraen mucho, a veces demasiado, pero debo reconocer que son indispensables. Hubiera sido una entrada considerable, pero no fue. Si yo tuviera ruedas... sería un carrito. Como todas las cosas de esta existencia, nada es casual. Los martes son claves en mi vida, pese a que me llevó varios años y una canción poder darme cuenta, tarde pero seguro, así dicen. No tengo recuerdo de cuál fue el primer martes a considerar, quizás hayan sido todos, pero tampoco podría averiguarlo. Llegué acá un jueves, con catorce días de anticipación pero eso tampoco fue casual, porque a mí me correspondía el siete, y no el veintiuno. Por eso el color magenta, por eso esa necesidad de autoliberarme, por eso esas infinitas ganas de sentir que no hay fronteras... Tantas cosas.
Este viaje finalizará un martes, lo cual es menos casual aún y me llevó a comprender que probablemente mi próximo destino no sea el que yo pensaba, tal vez porque no estoy preparada para eso, o no, debe ser como todo, es que eso no es para mí. Martes es el día de Marte, y Marte es guerra, pero no toda guerra es negativa. En el planeta Marte los habitantes -si usted mi lector no cree que haya vida absténgase de leer estas palabras o, en su defecto, abra su mente- visten como guerreros, escudos, protección, todo de color bronce. Ahora ansío profundamente ese martes, el día del nuevo viaje, porque sé que será un destino mejor.
Volviendo al incio de este, mi actual viaje, lamentablemente no tengo recuerdos que me permitan saber de dónde vengo, aunque tengo una leve intuición. Cierta vez me preguntaron si había nacido prematura, por varios problemas de salud que aquejaron a mi cuerpo, y que aún siguen presentes. Es cierto, me arrancaron verde, dirían en el barrio, pero no fue en vano, ni mucho menos -de nuevo- casualidad. Tampoco es casual mi afición al color magenta y el desequilibrio que el mismo genera en mí. No es una mera coincidencia mi fortaleza, porque reconocerse débil es ser fuerte, perdonar y mirar hacia adelante es ser fuerte, olvidar, seguir, levantarse cada día aún cuando las ganas de irse parezcan infinitas es ser fuerte. Soy fuerte porque tengo la capacidad de adaptarme a situaciones nuevas, aún con el miedo que esto me genera al principio, soy fuerte porque me reconozco sensible, y porque nunca abandonaría una causa justa. Todo esto tiene que ver con el día en el que nací, mi parto estaba planeado para el 21 de septiembre de 1989, pero a mí me sacaron el 7 de septiembre de ese año, mire usted cómo serían las cosas que yo, siendo una criatura apenas, estaba sentada, tranquila, porque en teoría mi posición iba a cambiar en los días siguientes, cuando según los cálculos médicos y naturales era el día que correspondía y al parecer la impuntualidad ya venía desde entonces, nada de andar a las corridas. El número siete es la victoria, son las infinitas ansias que siento de llevar una vida ascendente, así como me gustaría estar en un planeta y con una humanidad de esas características. En este número se encuentra el esfuerzo del alma, aún con todos mis defectos y tropiezos, y eso que mi madre Kudhalini está siempre ahí y yo muchas veces me olvido de pedirle eso que tanto necesito, el aniquilar las raíces que alimentan al árbol de mi Ego. Es el número de la acción y de la imagen, más claro? Imposible. El número siete es respuesta y resultado, vaya necesidad que tengo de encontrarle una resolución a todo, una respuesta, esa necesidad interminable de entender las cosas, por más inentendibles que se presenten. Entiendo ahora por qué a mí me sacaron dos semanas antes del día indicado, así como ayer por la noche pude entender esa fiebre que me agarraba cuando tenía entre tres y ocho años, esa fiebre que venía sin motivo aparente, sin explicación. Esa fiebre no era por un resfrío o una enfermedad que se aproximaba, y esa sensación que los demás consideraban delirio, y que yo siendo una criatura podía describir con conceptos que se reducían a un chicle rosa pegado en una gran rueda de tractor y parte de mi pelo adherido ahí, eso que todos creían que era un delirio producto de mi estado volví a sentirlo ayer con la fortaleza que desde hacía muchos años no sentía. Esa inexplicable sensación no es sino el placer que siente el alma de saber que se va saliendo del cuerpo físico, eso que parece que el cuerpo se me infla como una piñata y el fuerte mareo que trae aparejado... Siento que en este último tiempo he descubierto muchas cosas, que no son nuevas teorías ni cosas que vayan a cambiar el mundo, pero cuidado, porque cambian mi mundo, y es muy placentero sentir que me voy autodescubriendo de a poco...
En un apartado no quiero dejar de mencionar que hoy fue una de mis mejores meditaciones, lejos, por primera vez en posición oriental y eso me hace sentir mejor aún. Antes de esto, me plantée que probablñemente en este mundo haya más hormigas que personas, pero que de todos modos nunca lo sabremos porque, al parecer, nadie va por la vida censando hormigas. Y ya lo dije en un texto anterior, son muy poderosas. Atentos.

Que sea la última vez que me dan una nota de tres párrafos y nueve recuadros, eh.

lunes, 31 de enero de 2011

Inflamable .

Chau receso, hola enquilombada pero todavía tranquila vida que me fascinás. Mi cuerpo temblaba mientras caminaba a tomar el ocho, pensar que hace menos de un año me habían hablado de ese colectivo y yo, como de costumbre, había respondido muy superada que me daba lo mismo porque jamás lo había utilizado. En cuestión de meses, pocos meses por cierto, se convirtió en una parte imprescindible de mi vida. Como decía, mi cuerpo temblaba, probablemente porque prefería fumar el puchito post-almuerzo en la cama de un hotel, en la playa, o al costado de la pileta, lugar mágico si los hay, y no a las apuradas mientras bajo los seis pisos y camino esa cuadra y media pensando en que una vez más, llego tarde. Como dice la canción de las pastillas, nunca en su vida llegó al laburo puntual... Así soy yo, ni siquiera fui a horario a la entrevista, pero asumo que eso no fue de gravedad porque de lo contrario no haría nueve meses que hago el diseño de esa revista. Y sí, mirame vos, no dabas ni dos pesos, había pensado en dar clases particulares cuando mi vida dio un giro casi tan repentino como inesperado: no solo era mi primer trabajo, también era un trabajo de diseñador gráfico.
Ayer a la noche me acosté, sin sueño porque venía con los horarios cambiados, con la  presión de saber que hoy debía madrugar, y con más presión aún porque la semana que viene tengo que inscribirme y no sé qué elegir. Soy tan indecisa que siempre pienso que me gustaría que algunas cosas sean predeterminadas, ojo, ninguna boluda, porque pienso que de ser así uno no es responsable y entonces puede protestar. Así con las amistades, parejas, lugares, estudios y demás cosas que uno puede elegir y que, como toda elección, conlleva cierta responsabilidad, en menor o mayor medida. Como decía antes de dispersarme entonces, me acosté con una mezcla de sentimientos, me fue imposible meditar, pero esbocé una gran sonrisa. Y no era una sonrisa de playa, de drogada o de colgada, era una sonrisa de placer, una sensación que no sentía desde hacía varios meses, eso que siento cada vez que logro equilibrar y darme cuenta lo que hago acá.
Es respirar profundo, es sentirse tranquilo y satisfecho aún sabiendo los errores que se han cometido, es esa sensación que me permite no juzgar ni ser juzgada, una calma interior que no puedo describir con palabras, y que recién pude sentir luego de veintiún años. Me sentí satisfecha por mis logros, no materiales ni intelectuales, sino por lazos afectivos, sobretodo en lo que a familia respecta, tuve un año complicado y esta última semana peor, sabía que iba a ser definitoria pero no pensé que iba a tirarse para ese lado.
Es saber que puedo ser una excelente persona, es saber que puedo considerarme realizada porque tengo seres que me quieren por lo que soy, aún con todos mis desaciertos, es saber que tengo mucho amor para dar si me lo saben pedir, si saben como tratarme. Es tratar de entender que necesito mucha paciencia, que quienes me rodean necesitan mucha paciencia, y que sin embargo yo soy lo más impaciente y caprichoso que he conocido. Es mirar al cielo y poder respirar, aunque siempre tengo presente el anhelo de que vengan por mí. Es sentir que hay cosas que puedo cambiarlas, que algunas ya las cambié y que hay otras que no cambiarán porque no es lo que me corresponde a mí ni tampoco lo que le corresponde a los demás. Es una fuerza verdadera, es la convicción de que me espera algo mucho más grande que todo esto, y es el triunfo de saber que en esos momentos logro despreocuparme de cosas insignificantes. Es respirar de verdad, no solo como un inconsciente acto para sobrevivir, es algo tan grande como único, y tan frágil entre tanta crueldad que es muy fácil que se esfume con realidades de todos los días.
Solo quiero recordar esa sensación, porque sé que en dos minutos todo se puede ir al carajo, y tengo la firme convicción de que ese es mi pasaje hacia ese gran viaje que tanto anhelo.

Necesito un rallador, gracias.